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Aprendizaje por provocación o aprendizaje provocado (2)

Estimados lectores: compartimos la segunda y última entrega de esta serie denominada: “Aprendizaje por provocación o aprendizaje provocado”, autoría del columnista invitado, el profesor Jesús Octavio Toro Chica, docente administrativo de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales de Uniremington y cuya versión impresa se publicó en el periódico institucional En-Torno en octubre de 2017 (César Augusto Muñoz Restrepo – Corrector de estilo institucional de Uniremington y colaborador del blog institucional).

¿Por qué hablar de un aprendizaje provocado o aprendizaje provocativo?

Siguiendo con mi propuesta de reflexión pedagógica, frente a la cual agradezco los comentarios que se han suscitado y los extraordinarios aportes que he recibido, me permito enunciar algunas razones por las cuales hoy considero importante hablar de aprendizaje provocado y aprendizaje por provocación.

Desde luego, no pretendo, ni mucho menos, desconocer los ingentes esfuerzos que se han hecho desde diversas vertientes pedagógicas con el propósito de plantear las mejores versiones sobre lo que es el aprendizaje, así como sus caracterizaciones, las formas de abordarlo pedagógicamente y, en fin, una serie de propuestas que hoy constituyen un cuerpo conceptual bastante robusto y que sustentan la acción educativa de las instituciones y de los maestros, pero que en definitiva, ante los pobres resultados que nos ofrecen, nos invitan a seguir explorando este hermoso universo inacabado –por demás– del aprendizaje.

Ahora bien, no sabría definir si es una perogrullada, pero vale la pena señalar que los modelos de aprendizaje van variando en la medida que va desarrollándose la perfección de la especie humana y ese es un hecho inevitable e innegable. Por lo mismo, las distintas formas que se han producido y experimentado para abordar esos aprendizajes van resultando obsoletas, caracterizadas por unas velocidades pasmosas y que van dejando lastres, que por la rapidez con que se producen los cambios, van siendo implementados en ámbitos para los que no han sido concebidos, y claro está, con los consecuentes desenlaces.

En este contexto entonces, por favor me perdonan en algunos casos la falta de rigurosidad en los conceptos, pues más que encumbrarlos en las esferas inalcanzables para algunos públicos, lo que pretendo es acercarlos de manera muy simple, pero real, a aquellas definiciones que permitan un esclarecimiento total sobre lo que quiero compartir. Se trata pues, como lo he expresado en otros escritos, quitarle la “rimbombancia” con que algunos se refieren a hechos pedagógicos y “hacer” una pedagogía sin frac –como debe ser– además, frente a la humildad con grandeza del hecho educativo.

Algunas caracterizaciones del aprendizaje provocado o por provocación

•Todo aprendizaje es un acto netamente humano, pues, al fin y al cabo, es quien puede recibir alguna provocación y dar respuestas; en algunos casos, emocionales; y en otras ocasiones, racionales a dichas provocaciones. Aunque no podemos perder de vista aquellos “aprendizajes” que demuestran los animales; la diferencia radica en la racionalidad e intencionalidad de la provocación, así como la racionalidad e intencionalidad de la respuesta.

•Todos los aprendizajes, de los que comúnmente llamamos así, requieren de un objeto que “se tiene” que conocer y esa es la nada noble tarea de los currículos cerrados. Otra cuestión es cuando esos aprendizajes requieren de un objeto que se quiere o se desea conocer. Estos, considerados por mí, verdaderos objetos de estudio para un posterior aprendizaje, surgen, bien sea porque se ha llamado la atención sobre ellos –tarea esencial y poco desarrollada por los maestros–, puesto que están llamados a responder como sea por esos currículos cerrados; o surgen también por motivaciones, ya sea endógenas o exógenas, que estimulan el conocimiento de determinados objetos. En suma, esta caracterización se puede resumir en algunas palabras, que hoy parece están lejanas de los lugares educativos, tales como: motivación, gusto, interés, necesidad, afecto, tendencia, inclinación, disposición, apego, predilección, cariño, utilidad, provecho, atracción, aliciente, fascinación, encanto, seducción, sugestión y provocación.

•Lo anterior genera otra característica y, para mi gusto, es la más especial de todas: que los maestros de hoy en día, privilegien el despliegue de todas esas “palabras”, las que, a la “voz de la verdad”, como se diría en el coloquio paisa, son nada más ni nada menos que las competencias de las que adolecemos en la educación.

•Y claro que los estudiantes también se tienen en cuenta, pues este tipo de aprendizaje requiere también la presencia y la acción de un sujeto dispuesto a percatarse de los objetos de conocimiento; ese “dispuesto” estará más fortalecido si está motivado y provocado. En la mayoría de los casos, hoy, nuestros estudiantes no están dispuestos ni motivados; y mucho menos, provocados a conocer para aprender, sino que se sienten obligados, atados, constreñidos y hasta amenazados, por lo que fácilmente llegan al conformismo, del cual está plagado nuestras aulas.

Lo anterior reafirma mi convencimiento sobre que nadie enseña nada, sino que todos aprendemos lo que realmente queremos. Ya lo vivimos en nuestras aulas; y son más los casos que sí nos lo demuestran: nadie puede aprender si no lo desea.

•Este, como todos los modelos o estilos de aprendizaje, requiere del esfuerzo mental, pues entran en función las operaciones mentales que se suscitan en el proceso de aprendizaje, entre ellos: identificar, conocer, observar, analizar, comparar, sentir, pensar, sintetizar, diferenciar, representación mental, transformación mental, comprender, clasificar, sistematizar, codificar, decodificar y evocar.

• Cuando nuestros estudiantes se sienten motivados para el aprendizaje, porque este ha sido provocado o provocativo, se requiere, dentro de las funciones del maestro, que se les ayude con el manejo apropiado del tiempo.

• Otra caracterización importante y que debemos tener en cuenta en el desarrollo de los aprendizajes de nuestros estudiantes, es que esos nuevos conocimientos serán mucho mejor afianzados mediante el desarrollo de las operaciones mentales, siempre y cuando se respeten los estilos cognitivos de cada uno de ellos. En este punto es importante la consideración que tengamos sobre el arco de las inteligencias múltiples; cuál es “aquella inteligencia predominante” en cada caso, así como las características propias de aquel que quiere aprender.

• Esta característica nos desprende otra, no menos importante. Las estrategias didácticas o metodológicas más apropiadas, puesto que dependiendo del tipo de aprendizaje se aplicarán las más apropiadas. No se puede seguir aplicando las mismas estrategias para cualquier tipo de aprendizaje. Las operaciones mentales tienen sus propios funcionamientos, por lo cual se hace necesario que, en consideración a esto y al tipo de aprendizaje que se va a realizar, apropiemos las estrategias didácticas y metodológicas más acertadas para su despliegue.

En varias oportunidades me he referido al nuevo rol del maestro, el cual es “ser un extraordinario metodólogo”. La didáctica propia de las disciplinas no es un discurso cualquiera; es la mejor aproximación pedagógica, buscando la pertenencia de lo que se propone como estrategia de aprendizaje, puesto que, por ejemplo, no es lo mismo el aprendizaje de los números al de los hechos históricos o al aprendizaje para conducir un vehículo.

•Otra característica propia de este tipo de aprendizaje es que tiene que contar con un excelente maestro, aunque, de hecho, todos los aprendizajes los requieren. Sí, pero este debe tener unas particularidades muy especiales que van más allá del papel de “enseñante”, tal como lo conocemos comúnmente, y traspasa los límites de orientador, animador, motivador, provocador, etcétera.

•Este aprendizaje traspasa, a la vez, aquello con lo que las evaluaciones académicas hoy, por lo general, se satisfacen, como lo es el resultado de un aprendizaje conceptual. En concreto, los aprendizajes provocados o provocativos pasan por todas aquellas dimensiones del ser humano: ser, saber, sentir, pensar, hacer y actuar. Los aprendizajes son, en general, conceptuales, actitudinales y procedimentales. Visto de esta manera, es tal vez el aprendizaje que más se aproxima a una formación realmente basada en competencias.

•Tenemos el sujeto realmente motivado por el aprendizaje; un maestro que esencialmente es provocador y hace de su acción algo completamente provocativo; tenemos unos objetos de conocimiento que realmente se quieren conocer y una serie de disposiciones mentales que han de ayudar a estos propósitos. Con el trabajo a desplegar por parte del maestro y las disposiciones de los estudiantes, tenemos los escenarios perfectos para conseguir resultados que enmarquen algunos componentes esenciales de nuestro modelo pedagógico, a saber:

• Ese objeto de conocimiento hace parte de otros conocimientos previos que el estudiante y el maestro ya tenían en sus aprendizajes, por lo que realmente, y de manera muy simple, pero real, se cumple y se da a cabalidad el aprendizaje significativo.
• De otro lado, basta una pequeña motivación y un acompañamiento real por parte de los maestros, para que nuestros estudiantes inicien sus propias búsquedas, lo que poco a poco irá fortaleciendo sus aprendizajes autónomos.
• Esos aprendizajes logrados con el gusto alcanzado –porque se querían tener– se instalan fácilmente en la memoria de nuestros estudiantes, lo que permitirá su posterior recuperación frente a circunstancias diferentes o similares y, por consiguiente, su uso en la solución de problemas.

Podemos apreciar al cierre de esta segunda entrega, que el aprendizaje provocado o por provocación se ajusta, sin ningún esfuerzo, no solamente a nuestro modelo pedagógico institucional, sino que debe adaptarse a cualquier otro modelo, pues en nada modifica los principios que sustentan el quehacer pedagógico de las instituciones, aunque sí las formas de hacer pedagogía por parte de los maestros.

Por:
Jesús Octavio Toro Chica
Docente administrativo
Facultad de Educación y Ciencias Sociales de Uniremington
octavio.toro@uniremington.edu.co

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