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Aprendizaje por provocación o aprendizaje provocado (1)

Afortunadamente, en el blog institucional, con la anuencia del profesor Jesús Octavio Toro Chica, docente administrativo de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales de Uniremington, comparto con ustedes una primera entrega de su enriquecido y abierto análisis en el contexto del mundo de la educación y las instituciones formativas y cuyas reflexiones seriadas se han venido publicando en el periódico institucional En-Torno (la actual, en la edición de septiembre de 2017). Es un honor contar con la colaboración del profesor Toro Chica en este medio digital abierto a la opinión pública. Así entonces, vamos al grano. (César Augusto Muñoz Restrepo – Corrector de estilo institucional de Uniremington – Coordinador de Edublog – cmunoz@uniremington.edu.co)

Una reflexión introductoria: las mismas palabras son provocadoras… a manera de explicación de los “¿para qué?”

Quienes hemos estado comprometidos con el maravilloso mundo de la educación, sabemos que la motivación cumple un papel de muchísima importancia en la calidad de los aprendizajes propuestos en las instituciones educativas para todos los estudiantes; son parámetros acordes con unas realidades sociales, culturales, económicas y políticas y que los estudiantes deben asimilar para garantizar el mejoramiento de su calidad de vida y de su entorno, así como para el desarrollo sostenible y sustentable de sus comunidades.

Sabemos también que esa calidad de los aprendizajes está directamente ligada al gusto y al deseo que tengan los estudiantes por aprender determinados temas, conceptos o prácticas, motivados desde sus propias actitudes, aptitudes y vocación. Desde luego, damos por supuesto que ese gusto o deseo de los estudiantes debe ser permanente y estimulado por los docentes, quienes hoy en día han perdido toda su validez como “enseñantes” y van adquiriendo toda su preponderancia como metodólogos y estrategas para el aprendizaje.

En este contexto, también se ha dicho que el hambre y la necesidad agudizan el ingenio; pues respetuosamente sugerimos que el nuevo maestro, como ese metodólogo y estratega para el aprendizaje, debe despertar esa “hambre”, esa necesidad de sus estudiantes, con todo lo que esté a su alcance para provocarlos y predisponerlos para el aprendizaje.

Es mi pretensión reflexiva y analítica, desarrollar estos pensamientos que apuntan a nuevas formas de ser y hacer las cosas por parte de los “nuevos maestros”, para lo cual haré unas entregas continuas que pondré a disposición de nuestro periódico institucional En-Torno, durante esta y posteriores ediciones.

Sin más armas o argumentos que mis palabras y mis propios convencimientos, y sin más preámbulos que el pedirle a mis ocasionales “sujetos de investigación” que dijesen qué era lo primero que se les venía a la mente cuando escuchaban las palabras: “provocar”, “provocación” y “provocado”, resultamos involucrados en un ejercicio que, para mi gusto, encierra mucho de educativo, algo de académico y un poco de investigativo; aun así, con ese mucho, con ese algo y con el poco recibido, y con mis convicciones resultantes de mi actividad educativa durante toda mi vida, en todos y cada uno de los niveles de la educación, abarcando desde el infantil hasta el posgrado, estoy seguro de poder ofrecer a mis lectores –que espero sean muchos– algunos pensamientos, ideas, argumentos y conceptos sobre el ideal que, poco a poco, he venido construyendo y que, seguramente con los aportes de quienes los quieran hacer, seguiremos enriqueciendo, como propuesta que es, pero sobre la cual, estoy seguro contribuirán a enriquecer el debate y las construcciones que se vienen dando hacia la identificación de las mejores formas de aprendizaje en el siglo XXI, asociadas a las intervenciones que se han de hacer, gracias a la presencia irrenunciable de las tecnologías de la comunicación y la información en todos los ámbitos educativos y en un mundo que definitivamente hace parte de lo que he denominado: “Aprendizaje por provocación” o “Aprendizaje provocado”.

El acto pedagógico…

La definición del aprendizaje provocado o por provocación, que haré explícito más adelante, surge de mis observaciones, vivencias y experiencias sobre el acto pedagógico, y creo muy conveniente que conozcamos, desde mi perspectiva, lo que identificamos como tal.

El acto pedagógico abarca todas aquellas acciones formales o informales mediante las cuales el maestro se interrelaciona con sus estudiantes, generando interacciones de tipo social, académico, personal, relacional y profesional, todas ellas conducentes a propiciar aprendizajes en las dimensiones del ser, el saber, el sentir, el pensar, el hacer y el estar de los seres humanos, sobre los que en determinado momento de su historia particular han debido experimentar para acompañar su proceso de formación.

Ahora bien, observemos que, intencionalmente, saco al maestro de su aula de clase, como recinto único y privilegiado para suscitar aprendizajes, pues esa es una de las modificaciones y un cambio sustancial en el aspecto pedagógico dentro del desarrollo del aprendizaje por provocación o aprendizaje provocado. Aunque luego me referiré más a fondo alrededor del acto pedagógico como fundamento para el aprendizaje que propongo.

El porqué de lo provocado

Muchos se preguntarán el porqué de lo provocado. Para comprender un poco el concepto, y de la manera más sencilla, me aproximaré a una serie de definiciones, retomadas de varios diccionarios; algunas de ellas de la “más alta alcurnia” y, otras, un poco “menos edificantes”, pero que nos servirán para sentar nuestras propias concepciones acerca de lo provocado, del provocar y de la provocación:

  • Provocar: Del lat. Provocare: Llamar para que salga fuera.
  • Mera coincidencia: de las primeras definiciones que aprendimos sobre educar, viene del latín “educere”: sacar, extraer.
  • Intentar que una persona reacciones con palabras, gestos o acciones.
  • Incitar a una persona a hacer una cosa con palabras, gestos o acciones
  • Inducir. Ocasionar una situación o evento. Causar. Producir.
  • Despertar deseo en los demás con palabras, gestos o acciones.
  • Causar una reacción física o emocional.
  • Incitar.
  • Mover.
  • Apetecer, tener ganas de alguna cosa.
  • Excitar, inducir a otro a que ejecute una cosa.
  • Irritar, enojar [a uno] con palabras u obras.
  • Causar alguna cosa.
  • Incitar a alguien a discutir.
  • Excitar el deseo de manera intencionada.
  • Producir una reacción de un sentimiento, inducir un estado diferente.
  • Producir algo consecuencias en las cosas o la gente.
  • Voluntariamente llevar a enojo a una persona.
  • Voluntaria o involuntariamente despertar el apetito sexual de otros.

Aun con este compendio, no nos podemos quedar ahí, con aquello que nos dice lo establecido desde el mundo, en ocasiones, encopetado desde la academia.

Por lo anterior, también hay que recopilar lo que dice la gente del común; personas que voluntariamente han proporcionado su tiempo y su palabra para permitirme sustentar y fundamentar, de primera mano, lo que quiero plantear, centrándome un poco en lo que pretende esta primera entrega del escrito, como dar a conocer a nuestros lectores o estudiosos, el sentido y los resultados de lo que se buscó indagar con resultados muy halagadores para los efectos que pretendemos, sobrepasando en mucho las expectativas que nos habíamos fijado.

En efecto, señalo algunos datos relevantes y que en su momento podrían soportar la ficha técnica de la investigación, que seguramente se seguirá desarrollando, con el fin de seguir fortaleciendo esta propuesta desde lo conceptual, lo metodológico y lo estratégico.

Datos preliminares de lo que piensa la gente…

Ahora bien, haciendo uso de una pregunta directa sobre la cual se hablará más adelante, hubo un acercamiento a lo que la gente piensa, resultados que estaré compartiendo con ustedes en la próxima entrega de esta serie, en especial, porque afianzan la reflexión que he venido esbozando. Por lo pronto, dejo algunos datos:

  • Total de palabras o acepciones recibidas: 17 324. Cada persona entrevistada podría decir mínimo tres y máximo seis. Únicamente tres de las personas entrevistadas dieron tres respuestas; once de los encuestados dieron el máximo de respuestas posibles; la gran mayoría de los participantes estuvieron centradas entre cuatro y cinco respuestas. Básicamente, para el caso concreto de nuestro interés, retomamos solo aquellas respuestas que correspondían a la pregunta realizada, encontrando muchas coincidencias, tanto en la palabra o en acepción, así como en el significado que para cada uno de los participantes encerraba la palabra o expresiones dadas.
  • Buscando no dispersar mucho la muestra, aunque al mismo tiempo conservando la mayor imparcialidad, se hizo la correspondiente agrupación por semejanzas, quedando al final un total de 131 palabras, las que, si bien es cierto, especialmente en su definición han sido retocadas un poco, por aquellas cuestiones de simple exigencia del lenguaje escrito, no es menos cierto que encierran en su totalidad el sentido o significado que a la misma le ha querido dar quien la ofreció como respuesta. Por razones obvias, en el listado de información no las pusimos todas sino algunas de ellas que nos serán útiles como referentes.
  • Como se trataba de entrevistas directas, aprovechando las conversaciones –informales o formales– que se llevaban a cabo, las respuestas eran consignadas en cuadernos-agendas (muy pocas digitalizadas), tal cual eran entregadas por los sujetos participantes.

En resumidas cuentas, aunque aparentemente la lectura del listado que se ofrece puede tornarse un poco monótona, como maestro que he sido y, pedagógicamente hablando, la considero de vital importancia para la comprensión posterior, no solo del análisis que se hace de ellas, sino también de los aportes que han de entregar para el desarrollo del tema. Incluso, a ustedes los invito para que en una lectura “de corrido”, se vayan estableciendo vínculos y ligazones entre palabras y conceptos, lo que en definitiva ayudará en mucho a la comprensión de lo que se pretende compartir y poner a disposición de nuestros lectores.

En suma, quizá, para nuestro gusto, encontremos algunas palabras que en cuanto a su definición, de acuerdo con lo solicitado en la pregunta, coinciden en un todo en relación con nuestras concepciones y, por ende, a los signos, a los significados y a los significantes que poseemos. Empero, existen otras que se alejan un poco de ello, pero responden a una percepciones, conocimientos y experiencias de quienes las han manifestado. Y por su parte, hay un tercer grupo que se puede alejar, casi que diametralmente, de lo que nosotros sabemos y pensamos, pero que en definitiva las hemos dejado tal cual, puesto que expresan la opinión de los participantes.

En las entregas próximas encontraremos algunas pistas para el análisis propuesto, las que refrescarán de gran manera nuestras posturas pedagógicas y además nos abrirán nuevas expectativas hacia los nuevos escenarios propuestos.

Por:
Jesús Octavio Toro Chica
Docente administrativo
Facultad de Educación y Ciencias Sociales de Uniremington
octavio.toro@uniremington.edu.co

Imágenes copipegadas de: http://bit.ly/2xauLrd, http://bit.ly/2wgNV2a y http://bit.ly/2vK38qJ (Pixabay: banco de imágenes gratuito / Los url tienen técnica de acortamiento aplicado).

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